
EVANGELIO
Curación de la hija de una cananea
En aquel tiempo Jesús se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: - Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo, Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: - Atiéndela, que viene detrás gritando. Él les contestó: - Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas: - Señor, socórreme. Él le contestó: -No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella repuso:
-Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos. Jesús le respondió: -Mujer, ¡qué grande es tu fe!, que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija.
PALABRA DEL SEÑOR.
Respondemos a la Palabra con el Salmo 66, 2-3
¡Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben!
Que Dios tenga piedad y nos bendiga
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.
¡Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben!
Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
y gobiernas las naciones de la tierra.
Reflexionemos¨
Jesús piensa en su misión de anunciar el Reino de Dios a su pueblo, pero antes que la misión están los hombres, las mujeres que sufren, que piden porque la necesidad se lo exige, y sobre todo que buscan con fe la salvación.
Comer las migajas que caen de la mesa no es un desprecio ni una minusvaloración de la propia persona, es la constatación de que siempre sobra, que siempre hay más de lo que necesitamos, que las cosas siempre dan para más, y que empeñarse en guardar, en cerrar, va en contra de nuestra propia vida, que se hace más estrecha y más pequeña.
Jesús ante el rostro que sufre solo puede hacer una cosa: sentir compasión con la mujer y su dolor, con una madre y su hija.
El evangelio más que darnos la razón debe hacer que nos preguntemos:
-¿Cuánto consumimos, o mejor,tiramos la comida, sin caer en la cuenta que muchos no tienen lo necesario?
- Nuestras montañas de residuos: lujos, cosas, dinero guardado...¿No son una injusticia?
- Cuánto necesitamos realmente para vivir?¿Cuánto guardamos para por si acaso?
- Y si ahorramos ¿para qué lo hacemos?¿Nos preguntamos por el precio justo de las cosas?¿Buscamos lo más barato sin preguntarnos por los derechos de los que lo han fabricado?
- ¿Cuántas migajas tiramos cada día, tirando la vida de los demás al suelo?
Solidaridad y justicia son nuestras dos manos. No podemos quedar impasibles ante los ojos de quien no tiene lo necesario para vivir.
Recordemos siempre que tener fe y ser cristiano es:
" buscar la justicia para todos, dar a cada uno lo que le corresponde"
TEN COMPASIÓN DE NOSOTROS, JESÚS, HIJO DE DAVID, QUE NO SABEMOS CREER, QUE NO SABEMOS PEDIR, QUE QUEREMOS A DIOS SOLO PARA NOSOTROS, QUE PEDIMOS JUSTICIA Y NO LA VIVIMOS